featured

LAS CICATRICES DEL “JUEVES NEGRO” EN CULIACÁN

Han pasado 365 días desde aquél 17 de octubre de 2019 y las cicatrices siguen ahí, adheridas en la memoria, en los recuerdos imborrables de la historia negra que laceran profundamente la imagen de Culiacán.

La herida del “Culiacanazo” poco ha cerrado, sigue abierta en quienes vivimos esos días de tragedia, de psicosis colectiva, de dolor por la muerte de muchos inocentes atrapados en el fuego cruzado de los grupos del Cártel de Sinaloa que se apoderaron y tomaron el control de la ciudad, de los gatilleros que manejaron a su voluntad a las autoridades federales, arrodilladas y superadas en estrategia, poder de fuego, organización, coordinación, inteligencia y efectividad.

Ese 17 de octubre de 2019, los sinaloenses dimensionamos y percibimos el real poder de los grupos de la delincuencia organizada, de esos que sabemos que existen en lo más oscuro de nuestra sociedad, pero que no sabíamos en realidad su capacidad de organización, armamento y su poder para doblegar a cualquier autoridad.

¿Quién va a olvidar ese Jueves Negro? La sociedad culiacanense difícilmente superará ese trance, menos las víctimas de este fatídico día, las familias, padres, esposas e hijos de quienes lamentablemente perdieron la vida en una intensa balacera que no alcanzaron ni a entender.

Menos olvidarán las víctimas que perdieron su patrimonio, las víctimas olvidadas por las autoridades estatales y por los organismos de protección a víctimas, también víctimas del desinterés oficial del Gobierno de Sinaloa por otorgarles los recursos indispensables para cumplir una función tan apremiante en este estado violento.

Cómo olvidar esta fecha en la que fue evidente la sumisión de las autoridades estatales y municipales que permanecieron agazapadas, escondidas y temerosas de salir a la calle por temor o complicidad.

Las redes sociales, los periodistas y los ciudadanos documentaron casi todo. Sus teléfonos y el internet fueron las ventanas ante el mundo de una ciudad dominada por los grupos de la delincuencia organizada que desde diferentes partes del estado se trasladaron a Culiacán en una operación de rescate y del secuestro de toda una ciudad de cerca de 1 millón de habitantes para liberar a Ovidio Guzmán López, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa que había sido retenido por el Ejército Mexicano.

El Gobierno Mexicano fue obligado a ceder ante la presión de los grupos criminales que mantuvieron secuestradas a decenas de familias de militares en la Unidad Habitacional del sur de Culiacán. Ovidio fue liberado horas después y los grupos emprendieron la retirada victoriosa, dejando atrás las secuelas y las cenizas de una guerra en la que la sociedad culiacanense fue la gran perdedora, revictimizada por la indiferencia y el olvido oficial.

Días después, aún temblorosas, las autoridades sólo se limitaron a acudir a la escena de las balaceras a recoger los restos y cenizas de su incapacidad, a dar cuenta de lo jodidas que están las corporaciones para enfrentar a ese poderoso monstruo de la delincuencia organizada.

Durante meses, la ciudad pudo levantarse por sus propios medios enmedio de las justificaciones y deslindes de responsabilidad del Gobierno Mexicano, del Gobierno del Estado y del propio Gobierno Municipal de Culiacán.

Por más que se quieran maquillar estos hechos y por más campañas de resiliencia que se hagan, es difícil cerrar estas heridas cuyas cicatrices tardarán en sanar.

¿Quién va a olvidar ese Jueves Negro?

Categorías:featured

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .