
Después de más de 24 años del secuestro y asesinato del joven empresario Bernardo Duarte Quintana, y con la reciente detención de otra persona presuntamente implicada en el caso, nuevamente salta la incógnita de si el nuevo detenido se trata de otro de los «chivos expiatorios» que la entonces Procuraduría General de Justicia involucró en el caso meses antes de capturar al verdadero culpable: Luis Terrazas Hubbard.
De acuerdo con los hechos desprendidos de la investigación de este caso, el 22 de septiembre de 1997, Luis Terrazas Hubbard acudió en una camioneta prestada a la agencia de autos Chevrolet, que en ese tiempo se ubicaba en la esquina de la avenida Alvaro Obregón y Río Humaya, en la colonia Guadalupe, cuya accionista principal era Concepción Quintana Polledo, madre de Bernardo Duarte Quintana.
EL SECUESTRO
En la agencia automotriz, Terrazas Hubbard buscó a su amigo Bernardo Duarte Quintana, a quien con engaños sobre un supuesto negocio se lo llevó a un lugar enmontado en la colonia Infonavit Cañadas, donde lo golpeó varias veces con la cacha de una pistola, hasta dejarlo inconsciente.
Las investigaciones establecieron que en el área donde se localiza la calle Cerro de las Cumbres, donde actualmente se ubica la tienda Sams Club, en el sector Cañadas, Bernardo Duarte fue atacado, ya que en el lugar se encontró su teléfono celular y un «beeper», artefacto electrónico que se usaba para recibir mensajes.
Al creerlo muerto, Hubbard amordazó con cinta maskin-tape al empresario, lo que provocó que muriera asfixiado.
Terrazas escondió el cadáver en un motel del norte de Culiacán y posteriormente lo sepultó clandestinamente en un solar baldío propiedad de su padre, ubicado en la calle Privada Mariano Romero, frente al domicilio marcado con el número 1320, en la colonia Chapultepec.

Después, Terrazas pidió por distintos medios un rescate de 5 millones de pesos a la madre de Bernardo Duarte Quintana, Concepción Quintana Polledo, suma que fue entregada el 29 de septiembre de 1997 en el hotel Camino Real, en Mazatlán.
Los secuestradores dijeron a sus familiares que tras recibir el dinero, dejarían en libertad a Bernardo Duarte en las calles de la colonia El Mirador, al norte de Culiacán, situación que no ocurrió, pues la víctima ya había sido asesinada.
Con el dinero del rescate, Terrazas viajó a diferentes partes del país y el extranjero, compró varios autos y pagó adeudos que tenía con diferentes empresas.
El caso ocurrió en el sexenio del Gobernador Renato Vega Alvarado, quien en ese tiempo sostenía una fuerte presión social, sobre todo porque se aproximaba su Quinto Informe de Gobierno, estando obligado a dar resultados inmediatos en el caso del joven empresario.
LOS «CHIVOS EXPIATORIOS» DE ROBLES RENDÓN
La entonces Unidad Antisecuestros, comandada por el fallecido Roberto Robles Rendón (reconocido por sus métodos poco ortodoxos para investigar), tomó el caso y semanas después presentó a 4 personas detenidas como presuntos responsables.
En la segunda planta de las oficinas de la extinta Policía Judicial del Estado, dirigida en ese entonces por Luis Alberto Jauss Rojo (actualmente Notario Público 191 en Guasave), anunciaron el esclarecimiento del sonado caso de Bernardo Duarte Quintana.
Ahí presentaron como culpables al celador del penal de Mazatlán, Jorge Antonio Parra Rodríguez, «El Chuta»; a José Luis Hernández Serna, «El Tío»; a César López Pérez y a Irma Delia Lizárraga, esta última fue quien gritó a los reporteros «Soy inocente, soy inocente» mientras bajaba las escaleras del edificio para llevarla directamente al penal de Aguaruto.
En sus primeras declaraciones, los detenidos confesaron haber sido tomados como «chivos expiatorios», ya que ni secuestraron a nadie ni había participado en los hechos que se les imputaban, ya que durante varios días fueron sometidos a tortura por el propio Roberto Robles Rendón y el desaparecido comandante de la PJE, Reynaldo Zamora Gaxiola, quienes los obligaron a mencionar e involucrar a otras personas como partícipes en el secuestro y asesinato del empresario.
La versión que Roberto Robles Rendón dio a la prensa sobre la responsabilidad de los 4 detenidos es de que los detenidos cobraron el rescate, luego llevaron a Bernardo Duarte Quintana hasta las playas de El Delfín, al norte de Mazatlán, donde lo asesinaron a balazos, luego lo quemaron en la playa y sus cenizas fueron arrojadas al mar.
LA CAÍDA DE UNA HISTORIA DE «FANTASÍA»
La versión por demás fantástica hizo dudar al mismo procurador Roberto Pérez Jacobo (actual Notario Público 107, con sede en Los Mochis), e instruyó al entonces Subprocurador General de Justicia, José Antonio Figueroa Lee y otro grupo de investigadores a retomar el caso, haciendo a un lado a Roberto Robles Rendón y a su grupo antisecuestros.

La primera evidencia para descartar la versión ofrecida por Robles Rendón fue en análisis forense de los restos encontrados en la playa de El Delfín, donde un grupo de peritos encabezados por el doctor Joel Quiñónez Reyna determinaron que las cenizas encontradas en la zona eran en realidad leña y restos de hojas que alguien dejó como resultado de encender una fogata. No se encontraron indicios de restos humanos ni de que una persona hubiera sido incinerada ahí.
Las nuevas investigaciones, en las que se ofrecieron nuevas líneas de investigación, se centraron en una declaración que hizo la propia madre de Bernardo Duarte, quien recibió información sobre las sospechas hacia Luis Terrazas Hubbard, ya que éste en una fiesta dijo que había estado «en el lugar equivocado y con la persona equivocada».
El 1 de febrero de 1998, los investigadores localizaron y detuvieron a Luis Terrazas Hubbard, quien esa misma noche confesó los hechos y llevó a los investigadores al terreno donde había enterrado el cuerpo de Bernardo Duarte Quintana.
Los investigadores, entre los que se encontraban Inés Leyva Castro y el desaparecido Jorge Valdez Fierro, exhumaron el cuerpo de la víctima, que estaba bajo una losa de concreto, y recuperaron pruebas del homicidio, entre ellas el arma usada en este hecho.
La detención de Luis Terrazas Hubbard y la localización del cadáver vino a echar abajo la «increíble» versión inventada por Roberto Robles Rendón, y a pesar del giro en el caso, los primeros 4 detenidos como «chivos expiatorios» permanecieron 2 años en prisión, hasta que el Procurador de Justicia finalmente les otorgó el perdón legal al comprobarse que no eran responsables de los delitos y desechó todas las acusaciones.
Después de una larga batalla judicial que incluyó 7 amparos, el 19 de noviembre de 2001, Luis Terrazas Hubbard finalmente fue sentenciado a 46 años, 4 meses y 15 días de prisión como responsable del secuestro, asesinato e inhumación clandestina del empresario Bernardo Duarte Quintana, sentencia de la que apenas lleva purgados 11 años.
La sentencia impuesta a Terrazas Hubbard también lo obliga al pago de la reparación del daño a la señora Concepción Quintana Polledo, Madre de Bernardo Duarte, por un monto de 5 millones de pesos, suma que la madre de la víctima pagó como rescate. En esa misma sentencia también se le condena al pago de la reparación del daño moral por el delito de homicidio por un monto de 17 mil 775 pesos.
¿OTRO CHIVO EXPIATORIO TRAS MÁS DE 24 AÑOS?
A más de 24 años y 4 meses después de los hechos, hoy se informa sobre la detención de Eliseo «J», otra persona supuestamente involucrada en el caso del empresario Bernardo Duarte, sin embargo, surge la duda de la verdadera participación del ahora detenido.
La sospecha de que podría tratarse de otro «chivo expiatorio» se deriva por el hecho de que la orden de aprehensión librada en su contra fue emitida por el Juez Segundo del Ramo Penal de Culiacán, el 28 de noviembre de 1997, es decir, días después de la detención de los primeros 4 «chivos expiatorios» que «revelaron» bajo tortura a más supuestos involucrados y se emitió 2 meses antes de la captura del verdadero asesino, Luis Terrazas Hubbard.
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