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ACTORES DE LÁGRIMA Y DEL ABRAZO

Si algo hay que reconocer en Jesús Valdés Palazuelos y Mario Zamora Gastélum es que como políticos son excelentes artistas y actores.

Los abrazos políticos de apoyo y adhesión que se dieron hoy Jesús Valdés Palazuelos y el precandidato de PRI a la Gubernatura, Mario Zamora, fueron más falsos que un billete de a peso.

Con los ojos vidriosos y a muy cerca de la lágrima, Jesús Valdés se guardó su tristeza y trató de poner su mejor cara en el evento de registro de Mario Zamora. A su llegada, casi a fuerzas posó para la foto con el precandidato, quien lo abrazaba con fuerza y lo jalaba hacia todos lados para que a ningún fotógrafo y periodista se le escapara la «imagen de la unidad».

A Chuy Valdés se le vio «achicopalado», desencajado. Se le había ido de las manos la candidatura a Gobernador, por la que durante tantos meses había «trabajado» y que por culpa de Sergio Torres Félix, con toda su grilla y las acusaciones de «pícaro», se quedó en la orilla y nomás «milando» como el chinito.

Rápido, recompuso Chuy Valdés su cara. No podía quedar en ridículo frente a los diputados federales Miguel Ángel Osorio Chong, Claudia Ruiz Massieu y Nuvia Mayorga Delgado; del senador por el PAN, Mauricio Kuri González y del senador por el PRD, Miguel Ángel Mancera, quienes habían viajado ex profeso de la Ciudad de México para la designación que se amenizó con música de banda sinaloense y batucada.

En el PRI, quienes toman las decisiones le hicieron «manita de cochi» a Chuy Valdés, quien pretendió boicotear hasta el fin el registro de Mario Zamora, llevando a un grupo de simpatizantes y niños para que hicieran argüende y encadenaran las puertas del auditorio donde se llevó a cabo el evento. No le funcionó la estrategia del alboroto y lo manifestantes después siguieron gritando porras ya en favor de Mario Zamora.

Finalmente Chuy Valdés cedió, dobló las manos y tuvo que apechugar. Nada mal le cayó la propuesta de una candidatura a diputado federal por la vía del «gollete»: la plurinominal. Parece que con eso lo calmaron.

Ya metido en el discurso, Chuy Valdés dijo que se «sumaría» a la candidatura de su amigo Mario y bla bla bla. No le quedó de otra que usar el discurso oficial del «cebollazo».

Mientras tanto, ya como precandidato, el «júnior» de la política Mario Zamora hizo gala de su experiencia en la demagogia durante su discurso ante cientos de militantes, simpatizantes y aprontados que ya se sienten parte del próximo Gabinete de Gobierno.

Se vieron a muchos empleados del Gobierno del Estado y del Municipio que dejaron sus oficinas y, en horario laboral, se fueron a la cargada, al alboroto y a buscar rápido la selfie o la foto con el ahora precandidato para presumir en sus redes sociales la imagen con el «elegido».

Afuera del edificio del PRI y dentro del auditorio, todo mundo se olvidó de la pandemia. Ahí había mucha tela para Jesús Estrada Ferreiro para aplicar sus nuevas reglas para prevenir los contagios del Covid-19.

Al final, todo terminó en discursos huecos, al estilo priista, con gritos de apoyo, porras, abrazos, fotos y elogios mutuos. Quienes al principio protestaron, guardaron las cartulinas y acabaron vitoreando al nuevo «ungido». El triste de la película fue Jesús Valdés Palazuelos, embarrado de lodo por Sergio Torres.

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